“EN PERÚ, DEDICARSE CIEN POR CIENTO AL ARTE, REQUIERE MUCHO PRIVILEGIO”

Rosa Victoria Chauca, actriz y directora de teatro, presenta De cuando el Flaco Martínez se fue al cielo sin decirle adiós a su chibolo, montaje que ella dirige y que podrá verse en el Festival de Artes Escénicas de Lima FAE LIMA 2022 en marzo. Esta obra ha sido escrita por Mario Zanatta, en base a una idea original de Rosa Victoria, quien también hizo producción, es letrista y supervisora musical del proyecto, e intervino en la creación del vestuario. Ella nos brindó una entrevista, la misma que pueden leer a continuación, a pocos días de presentar el espectáculo.

Rosa Victoria, van a presentar la obra…

De cuando el Flaco Martínez se fue al cielo sin decirle adiós a su chibolo, un poco corto el título (risas)

¿Es tu debut como directora?

Sí. La obra la iba a dirigir otra persona. La idea original es mía y la dramaturgia de Mario Zanatta. Yo no quería dirigir, siempre me negué, pero me quedé sin director y tuve que hacerlo yo. La idea de la obra salió en el 2015, había una canción de Spinetta que me gustaba muchísimo, El anillo del capitán Beto, que habla de un colectivero bonaerense que se va al espacio, y quise hacer algo como un libro ilustrado, pero en el 2017 sacaron la canción como un cuento ilustrado, me ganaron. Pensé en contextualizar esto en Lima, que en vez de un colectivero bonaerense sea un conductor de combi.

La obra… ¿ya se ha presentado al público?

Sí. Fue ganadora de los Estímulos Económicos del Ministerio de Cultura para el 2020. Tuvo una temporada virtual en agosto del año pasado, y tuvimos una breve temporada presencial en La Vaca Multicolor en noviembre. Habíamos ensayado la obra y justo sucedió la pandemia.

Y ahora estarán en el Festival de Artes Escénicas de Lima.

Sí, el hashtag es #NosVolvemosAEncontrar, y vamos a presentarla como la planeamos inicialmente, con una banda de músicos y todo.

¿Cómo has sentido esta primera experiencia dirigiendo una obra?

Para mí ha sido una cuestión de… lógica. Es importante conversar de lo que se quiere representar. En realidad, El Flaco Martínez es una excusa para hablar de nuestro distrito, Los Olivos. También habla de la migración, de la informalidad del transporte público. Tuvimos conversatorios con personas que nos compartían sus conocimientos al respecto, y luego de eso recién ensayamos. Para mí es importante tener muy claro cuáles son los discursos que están en una obra, y alinearnos en un discurso. Si hay un buen proceso, el producto va a ser bueno. No importa tanto que el producto sea bello o entretenido, sino qué tanto se puede comunicar con lo que se está haciendo.

Hicieron un estudio para acercarse a la realidad…

Hay muchas realdades. La obra habla del transporte público, de los migrantes, de nuestro distrito. Había que hablar de temas como ¿por qué aparecen las combis en el Perú?, ¿qué pasa en los noventas para que aparezcan combis?, ¿cómo se originan las rutas de combis? Si un cobrador de combi ve la obra y no se siente representado, le preguntaría en qué se puede mejorar, pero hasta ahora ha habido conexión con la obra.

Qué te han comentado las personas que han visto la obra y que se dedican al transporte público.

Recordaban la camaradería de la ruta, la relación con el conductor, el paradero donde compraban la chicha. Son muchas horas diarias que pasan juntos el cobrador y el conductor, se forja una relación cercana.

¿Vives del arte?

Yo estudié Sociología, y eso me ha ayudado a hacer investigaciones, he trabajado en arte en instituciones. Se puede hacer arte pero tal vez no se recupera el cien por ciento del dinero invertido. Muchos artistas tienen otros trabajos, hacen talleres, escriben guiones para telenovelas, he tenido amigos que eran artistas y también era meseros, o son tecnólogos médicos, o dan consejería porque son psicólogos, y el arte es una actividad paralela. Acá, dedicarse cien por ciento a crear, hay que tener mucho privilegio, hay que tener muchas redes, mucho financiamiento, y eso es algo que no creo que todos se puedan dar el lujo, porque estamos en diferentes condiciones; entonces, sí pues, ¿no?, hacemos muchas cosas.

¿Qué opinas del teatro que se había venido haciendo en Lima antes de la pandemia?

Siento que se centralizó, pero teatro se hace en todas los espacios de Lima, Lima Este, Lima Sur, Lima Norte… Lima es el centro de todo, pero también hay un centro acá desde lo teatral. Me interesa que haya discursos locales. Si vas a ver mi obra, y no eres de Los Olivos, hay cosas que no vas a entender, y está bien, porque yo quiero que no las entiendas, y que solo las entienda la gente de mi barrio… ¡te vas a reír!, igual la vas a pasar bien, pero si eres de la zona vas a tener mucha más información.

Para generar curiosidad…

Sí, y también incomodidad. Cuando veo algo de Estados Unidos, por qué siempre tengo que saber todas esas referencias, por qué las tengo que investigar, y por qué nadie investiga las referencias de mi barrio, pues, ¿no?

Con el elenco de De cuando El Flaco Martínez se fue al cielo sin decirle adiós a su chibolo

Ahora no estás tan enfocada en la actuación.

Tengo muchas discrepancias con la actuación. Estoy en un proceso de desaprender. A veces me cuesta entender las directrices de la gente, a veces hablan en pura metáfora. Cuando eres actor o actriz no siempre tienes una relación de diálogo con tu director. No quiero volver a una situación en donde no pueda dialogar. Me di cuenta de que muchos procesos habían sido muy violentos. Me han dicho “tú no sirves para esto”, “eres bruta y no me entiendes”… Y eso no debería estar normalizado. O no importa si te duele o si el vestuario no te queda, porque, bueno, eso es lo que tienes que hacer. Eso es violencia, y se normalizó muchísimo tiempo. Estoy en un proceso de reconciliarme con eso, desaprender. En la dirección estoy sanando eso, con un espacio más seguro y más cómodo, cómo me hubiera gustado tener un proceso de trabajo.

Se normalizó esa violencia.

Antes había un discurso de que te tenías que sacrificar en pos del arte. Son discursos que han imperado muchos años, y no han apoyado a generar espacios respetuosos de creación. Se crea mucho mejor estando cómodo y tranquilo, con la confianza de proponer cosas. Pero también he tenido proceso bacanes. Son experiencias que me costó identificar como violentas, se me enseñó que era lo normal.

¿En algún momento te sentiste muy mal?

Sí, en algún momento me dijeron que no servía para esto, “ay, de dónde eres, de la ENSAD, ay, con razón, por eso eres tan mala”, o hablaban de mi cuerpo, “has subido de peso, ¿no?”, o “tienes la boca muy grande”, cosas así. En ese momento pensé que tenía que bajar, que estaba muy pesada, trataba de verle el lado “amable”, pero no es amable, es horrible.

¿Qué esperas con la vuelta del teatro presencial?

La presencialidad es chévere, pero la virtualidad ha unido puentes, mi obra la ha podido ver gente en Ancash, Tacna, Trujillo, amigos con discapacidad física que no podían transportarse fácilmente también han podido. Espero que se reactive el sector, lo necesitamos. Conversar con la gente luego de la función, eso también se extrañaba.

Video de entrevista completa:

Entrevista: Giancarlo Tejeda

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